Públic

No te vaya

​Son las tres de la tarde y sigo sin saber por qué quisiste marcharte.

Todavía recuerdo nuestras charlas largas,

las que estiraban la noche hasta que Morfeo venía a buscarnos.

​La casa amaneció con las ventanas abiertas

y el frío se instaló como quien no desea marchar.

Hay café en la taza que dejaste a medias

y un reloj que insiste en las tres de la tarde.

​Te busco en la humedad de las paredes,

en el abrigo que nadie descuelga,

en el hueco del colchón que tardó semanas

en olvidar tu forma.

Y no hay fantasma. Eso es lo peor.

Ni voces, ni puertas que se cierran solas.

Solo el silencio haciendo inventario.

​Te llamé por los tejados.

Te llamé por la vereda.

Y el viento me devolvía

tu nombre lleno de arena.

​Tal vez creíste que al otro lado había una calma

que aquí no sabías encontrar.

Y me preguntaba: ¿por qué no elegiste quedarte?

​Te odié por marcharte en silencio, sin regalarme un adiós.

De todas tus torpezas, esta jamás podré perdonarla.

Apenas quedan los recuerdos, porque ya no puedo sentir tus huesos ni tu carne.

​Me hice amigo de la noche.

Me da miedo el amanecer,

que llega con tu nombre entre los dientes

y me lo deja en la almohada.

​Ahora tu hogar queda tan lejos que no sé cuándo podré visitarte.

He decidido quedarme, aun con este dolor

que me hace creer que rendirse es ganar.

​Homenaje a los que decidieron irse.